Signos bajo la Luna {Micro}
Introducción a los significados de la luna como arquetipo astrológico

La luna es, junto con el sol, una de las luminarias astrológicas. La palabra luminaria significa “fuente de luz” y en astrología tanto el sol como la luna cumplen esta función de iluminar, de echar luz sobre algo. 

La palabra luminaria también se aplica a todas aquellas personas que hayan sido un ejemplo, un miembro destacado de algún campo del saber. Estos instructores alumbran con su peculiar obra el camino de quienes los toman como modelo. Algo similar ocurre con las luminarias astrológicas, pues son pautas o modelos arquetípicos que revelan normas internas que rigen la psiqué humana. 

Dentro de la astrología clásica, el sol, la luna y el ascendente conforman la tríada de la personalidad y funcionan como un trípode básico donde se asienta la estructura psíquica del sujeto. Son como una flecha que apunta en alguna dirección y marca la pro-tensión, la inclinación de cada individuo. 

La luna, específicamente, es tan importante que algunos estudiosos opinan que deberíamos definirnos por el signo lunar y no por el solar, ya que arquetípicamente lo lunar habla de la parte más arcaica y primitiva de nuestra psiqué. De este modo muchas veces es más palpable la personalidad lunar de un individuo, que su personalidad solar. 

La luna es un arquetipo lleno de significación simbólica. No existió cultura que haya sido indiferente a su presencia y que no le haya dado un lugar en sus mitos y religiones. Desde tiempos inmemoriales se asocia al sol con el padre y a la luna con la madre. La historia mitológica del universo empieza, según los griegos, con el desprendimiento de los titanes del cuerpo de la gran madre Gea. Del mismo modo, los héroes de todas las culturas comienzan sus viajes separándose de lo conocido, cruzando las aguas o alejándose de su madre. Nosotros mismos, en nuestra existencia individual, comenzamos nuestro recorrido separándonos del vientre materno para adquirir un cuerpo propio. Por ello, la madre siempre es lo primero en la vida afectiva del ser humano, tal cual lo dijera el propio Freud. La astrología con su particular sabiduría dice lo mismo desde las épocas más antiguas, puesto que la luna es la parte más primitiva y arcaica de nuestra psiqué, es la huella de nuestros patrones afectivos y marca el modo particular en el que vivenciamos el complejo materno. 

La figura de la madre adquiere un peso crítico en nuestras vidas debido, en parte, a la etapa prolongada de desvalimiento que tiene el cachorro humano. La dependencia casi total de los cuidados del otro nos emparenta enormemente con lo lunar, con la madre o sus sustitutos. Al comienzo, la madre es el vehículo de todo nuestro mundo, las experiencias gratificantes y frustrantes giran alrededor de ella y determinan en buena forma el modo de percibir los afectos. Por eso, la luna astrológica es una norma, una pauta interna muy fuerte que es importante conocer y reconocer dentro nuestro. 

La Luna habla de todos los cuidados y patrones emocionales del individuo, la forma particular en que vivenció lo materno y la manera en que, una vez independiente, maneja sus emociones y el propio autocuidado. Es el ejemplo que debemos seguir para desarrollar plenamente nuestra vida afectiva. 

Muchas personas que tuvieron experiencias dolorosas y frustrantes con sus madres de carne y hueso, han incorporado pautas enfermas en lo afectivo y aún siendo libres para ejercer otros modelos, siguen sin saber cuidarse o maternizarse con otro tinte. Estas personas tienen una gran oportunidad al conectarse con su luna astrológica, pues pueden aprender a cuidarse y protegerse de un modo nuevo y potencialmente más sano. 

La luna tiene a su vez múltiples caras simbólicas. Esto se expresa también en la mutación natural de la luna en sus fases de crecimiento, mengua etc. Su versatilidad nos habla de la plasticidad propia del mundo afectivo y emocional, pero también de lo tramposo y cambiante que puede ser. La luna, dice Liz Greene, es una paradoja: a veces ilumina lo que toca, pero a veces lo confunde con su luz mortecina. Lo mismo sucede con nuestra personalidad lunar, pues es la sede originaria de nuestras pautas más puras y emotivas, pero también habla de nuestras mañas, ambigüedades y aspectos traicioneros. 

A causa de ello es tan importante para la astroterapia trabajar la personalidad lunar del individuo, bucear en las imágenes del complejo materno y en las pautas afectivas de modo de obtener el patrón óptimo para expresar los afectos, depurándolo de ambigüedades y confusiones. 

La luna es tanto la madre amorosa, dadora de vida, como la madre devoradora de sus propias creaciones, la madre terrible que quita la vida, la famosa luna negra. Por ello, el complejo materno es la fuente de amor y confianza en nosotros mismos, pero también puede mezclarse con aspectos oscuros y pautas autodestructivas. 

Respecto de ello, podemos recurrir a imágenes mitológicas como Deméter o la misma Virgen María del cristianismo para mostrar el costado dador y nutricio de la madre, pero también a Lilith, Hécate o Tiamat para expresar el costado más sombrío de la luna. 

Este arquetipo básico nos habla también de las necesidades primarias de la psiqué y el cuerpo, necesidades que se vuelven violentas cuando las desoímos. De este modo la diosa griega Artemisa, representante de otra de las caras de la luna, habla de este costado salvaje de la personalidad lunar, de sus necesidades imperiosas y sus múltiples formas de imponerse y ser escuchada. Esta diosa era conocida como “La señora de las Bestias”, vivía inmersa en el bosque, en contacto con la naturaleza agreste y poseía un carácter violento y ambiguo. Vivir este arquetipo relacionado con lo lunar habla de estar tiranizado por las necesidades emocionales, la “Señora de las bestias” como arquetipo muestra a una persona presa del salvajismo emocional. Para salir de esta imago arquetípica es necesario que el sujeto aprenda a respetar los poderes de lo lunar y deje de ofender sistemáticamente las necesidades de su personalidad emotiva. 

Considerando las polaridades propias de todo arquetipo, podemos agregar que la luna representa tanto el útero cálido y protector, como la tumba asfixiante y devoradora. Vivir plenamente el complejo materno es un requerimiento para tener una afectividad sana, pero permanecer atados a él es detener el progreso psíquico y permanecer emocionalmente infantiles. No olvidemos que la luna está asociada simbólicamente a hechiceras como Hécate o la misma Circe de la Odisea, lo cual muestra la parte de encantamiento y fascinación que genera lo lunar. Esto puede provocar, que al igual que Odiseo, permanezcamos años demorados en los brazos de Circe ignorando la misión que nos aguarda. 

La luna está atada a la supervivencia y a la búsqueda de seguridad, por ello a la personalidad lunar en nosotros le cuesta cambiar y zarpar hacia el viaje de encuentro con el sol, que es el aspecto más progresivo de la psiqué. El punto es aprender de nuestras pautas emocionales arquetípicas para fortalecernos y seguir rumbo al despliegue de una personalidad completa. Cuando negamos las pautas lunares comúnmente las proyectamos y demandamos asistencia emocional incondicional a nuestros padres, cónyuges, hijos, amigos…o por el contrario, vivimos presos de satisfacer las demandas emocionales de otros. Sea como sea, al estar tiranizados por lo afectivo, presos de la Señora de las Bestias, no podemos disponer de nuestra energía para progresar en otros aspectos. 

Lo lunar en nosotros es la fuente de cuidados, amor y protección que todos necesitamos para avanzar. La luna nos muestra cómo nos auto engañamos y nos demoramos, pero también cómo podemos sanar nuestras heridas. El signo y la casa en que tengamos nuestra luna muestra la pauta arquetípica, el ejemplo que debemos depurar y trabajar para expresar nuestro mundo emocional. La próxima semana empezamos con la luna en aries!

Lic. Ada Marcos
Psicóloga- astróloga

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Devolvieron la luna anoche; ¡me puse tan feliz! Creo que es muy honesto de parte de ellos. Volvió a deslizarse y a caerse, pero no me angustié; no hace falta preocuparse cuando se tiene esa clase de vecinos; ellos la devolverán. Ojalá pudiese hacer algo para demostrarles mi aprecio. Me gustaría mandarles algunas estrellas, porque tenemos más de las que podemos usar. Quiero decir yo, no nosotros, porque puedo ver que al reptil estas cosas no le importan.